Este metal puede mudar todo lo que sabemos sobre aislamiento térmico y conductividad eléctrica

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Los metales (los buenos conductores en general) tienen una propiedad curiosa: si pasas una corriente eléctrica por ellos, se calientan. Es lo que hace que funcionen los radiadores que nos calientan en invierno y la razón por la cual los ordenadores se sobrecalientan cuando no marcha bien el sistema de refrigeración.

Ese efecto se regula por ley de Wiedemann-Franz que (en ocasiones) es bastante molesta. Pero un equipo de la Universidad de Berkeley acaba de encontrar un material que viola esa ley. A priori, parece una curiosidad del mundo de la ciencia de los materiales, mas si nos ponemos a pensar veremos que tiene un potencial casi revolucionario.

Un metal llamado dióxido de vanadio

Dióxido de vanadio. Recordad el nombre de este metal pues sus aplicaciones podrían cambiar radicalmente un montón de cosas: desde las centrales termoeléctricas a, quién sabe, los microprocesadores. En realidad, ya conocíamos al dióxido de vanadio. Lo que el equipo de Junqiao Wu ha descubierto que, a temperatura entorno, su conductividad térmica es hasta diez veces menor de lo que debería ser.

Fue un descubrimiento totalmente inesperado. Los datos muestran una excepción muy curiosa para tratarse de una ley que está en todos libros de texto y que ha demostrado su solidez en conductores convencionales”, explicaba Wu. Y lo cierto es que lo es.

En los metales comunes se mueven en todas direcciones. Esto es, su estructura microscópica permite múltiples configuraciones y eso deja que los electrones puedan portarse de forma prácticamente aleatoria: el resultado de eso es el calor. En el dióxido de vanadio, en cambio, existen muchas menos configuraciones, no es posible el movimiento aleatorio de los electrones, los electrones se mueven coordinadamente y eso reduce la conductividad térmica.

Un sistema para regular de manera automática la temperatura

Las aplicaciones iniciales van desde el diseño de nuevos motores que disipen el calor a recubrimientos de ventanas plenamente revolucionarios. Siendo capaces de ajustar la conductividad térmica de los materiales vamos a poder diseñar una ventana que disipe la temperatura en verano (cuando la temperatura es alta) y evite la pérdida de calor en invierno (cuando la temperatura es baja).

Es cierto que todavía es pronto para charlar de la producción industrial o comercialización del dióxido de vanadio, pero este descubrimiento abre una puerta impresionantemente prometedora para comenzar a trabajar toda una nueva clase de conductores.

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