¿Por qué es necesario matar animales salvajes?

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Matar animales salvajes no tiene por qué ser bueno. De hecho, no lo es. No obstante, en ocasiones, es preciso. Esto es debido a una cuestión llamada conservación. Y se hace para salvar a otras especies.

La palabra clave en toda esta historia es conservación”. Hoy, la caza, el control de especies o bien las medidas cinegéticas son objeto de un durísimo discute. Mientras que los defensores de los animales tratan (muy frecuentemente con toda la razón) algunas medidas como salvajes y también inhumanas, biólogos, conservacionistas y ecólogos no hallan otra solución. Y lo cierto es que la culpa la tenemos . Somos nosotros los que introducimos especies acá o las extinguimos allá. Somos los que modificamos el medio y le damos ventaja a ciertos animales a costa de otros. Tanto hemos modificado el medio que nos circunda que para poder mantener los equilibrios ahora es necesario tomar medidas polémicas. Mas, ¿de veras se hacen imprescindibles?

La caza de animales salvajes para conservarlos

En un parque cualquiera del sur de España, los jabalíes (Sus scrofa) pueden convertirse en un inconveniente. Los simpáticos cerditos pueden ser peligrosos tanto para ellos mismos como para el resto de animales, las infraestructuras o los cultivos. Son una especie muy fecunda y dura, capaz de alimentarse de casi cualquier cosa. En seguida, los estropicios debidos a estos animales se pueden apreciar en todo el bosque, sus lindes y más allí. Esta especie es capaz de mover (esto es, que hurta el hábitat) a otras más especializadas y frágiles. Como carece de predadores que se nutran de ella, sigue medrando sin control hasta convertirse en un genuino problema. Si bien los cerdos salvajes son autóctonos de toda la península, están considerados dentro de las 100 especies exóticas más perjudiciales del planeta debido a su expansión.

En su enorme proliferación, el humano tiene mucho que ver. Y es que los jabalíes son considerados como una suerte de caza mayor. Esto desea decir que le interesa a los cazadores. Por ende, sus poblaciones son mantenidas para proseguir alimentando el lucrativo negocio que existe detrás. Sin embargo, en este hecho también existe otra cuestión importante: la caza sirve, exactamente, para mantenerlos a raya. No solo ocurre con los jabalíes: los ciervos, los ciervos, los muflones, los lobos, los arruís… existen una serie de especies consideradas en el control cinegético que hacen estragos cuando no son controladas por la caza. Como con los cerdos salvajes, muchas de estas especies tienen su origen (o bien por lo menos su descontrol) en la intervención del ser humano. Sin dicho control, las especies de caza mayor pueden suponer un peligro para otras especies autóctonas y para sí mismas.

Especies invasoras

Por todo el planeta se genera un fenómeno de control de especies invasoras. Cuando un animal proveniente de fuera se introduce en un ambiente nuevo acostumbra a implicar un cambio severo en el medio. Dicho cambio, puede ser amortiguado” de manera fácil o bien suponer una variación esencial en lo que se conoce como redes tróficas y el ambiente ecológico. En ocasiones, estos animales empiezan a alimentarse de las fuentes utilizadas por otro propios de ese medio ambiente. Otras, los animales son depredadores muy efectivos y que no tienen opositores. En cualquiera de estos y otros casos, estas especies se convierten en dañinos invasores que ponen en riesgo a otros animales cuyo ecosistema llevaba estable desde hace milenios. Esto es lo que ha ocurrido, por servirnos de un ejemplo, con los jabalíes durante toda Europa, hasta Asia.

También ha pasado lo mismo con los gatos, como grandes deprepadores que son, y que han llevado a la extinción a abundantes animales a lo largo del mundo. Los possum, las ardillas, las liebres de mar, el mosquito tigre, el caracol manzana… las especies invasoras se cuentan por millones. Para poder supervisarlas se abren campañas de exterminio” que usan diferentes métodos para evitar que estas especies desplacen y supriman a otras. De esta manera, en determinadas zonas, ciertos animales se consideran como una plaga” y es legal matarlos. Esto es singularmente de este modo en reservas naturales donde la regulación del ecosistema se planea y se controla de manera estrecha para eludir la pérdida de biodiversidad.

Controlar sin crueldad

Para controlar el número de especies se emplean distintos métodos de control. Como hemos visto, la caza es uno de ellos, lo que implica rastrear al animal y derrumbarlo a disparos. Para las especies invasoras se emplean todo género de formas. Por poner un ejemplo, usando venenos (para los gatos y los possum), trampas físicas o químicas o bien control biológico con microorganismos u otros animales. Muchas de dichas medidas de control son, evidentemente, atroces. La violencia, el envenenamiento, las trampas… provocan un sufrimiento en los animales considerados como una plaga. Pero, ¿es necesario? Sara Dubois, responsable científica de la British Columbia Society for the Prevention of Cruelty to Animals de Canadá no está nada de acuerdo. Como otros muchos científicos. Según Dubois, la atrocidad con la que se exterminan estos animales salvajes se pasa por alto debido a que son considerados malos”. Pero malos para el medio o la conservación no quiere decir que se merezcan morir de una manera horrible.

Actualmente tenemos leyes muy estrictas respecto al maltrato animal. Asimismo hemos progresado mucho tratando de suprimir el sufrimiento en la experimentación animal, una asignatura pendiente. ¿Por qué debería ser distinto para otros animales? Dubois, junto un equipo de ecólogos y biólogos discute en un reciente estudio la forma más adecuada de hacerse cargo de estas especies invasoras. El informe marca múltiples cuestiones claras. En primer lugar, explican, las acciones de control solo deberían ser usadas en caso completamente preciso. No todas y cada una de las resoluciones de control, por desgracia, están igualmente bien justificadas. En segundo, simplemente pues un animal sea considerado una plaga o bien no sea autóctono, no ha de ser de forma automática erradicado. Los estudios de valor ecológico son los que deben decidir el peso de una especie en el entorno.

Pero tomar medidas para que las muertes sean menos atroces o, sencillamente, que no se produzcan, supone un problema de inversión y esmero. Por lo menos inicialmente. Esta es la principal barrera que tiene que superarse si deseamos conciliar el control de especies con métodos más éticos y adecuados. También hace falta mentalizar a la sociedad, explicar por qué se toman medidas tan violentas” y estimar si son realmente necesarias conforme cada caso en particular. La vida, de todo tipo, es valiosa e esencial. Conforme vamos comprendiendo mejor qué ocurre en el cerebro de los animales, de qué manera viven y qué sienten, vamos adoptando medidas más correctas en el ámbito moral y ético. Nuestra posición como especie, técnica y también intelectualmente hablando, es una responsabilidad que no debemos evaluar a la ligera.

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