La oposición aún no es una opción alternativa [Editorial Oscar Schémel]

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La oposición podrá ganar elecciones, beneficiándose del voto castigo, mas todavía no tiene ni el discurso ni el liderazgo para conducir a la sociedad venezolana

Según el Monitor-País Hinterlaces, el sesenta y siete por cien de los venezolanos considera que la oposición está muy dividida” y 79 por cien opina que hace falta gente nueva para dirigirla”.

En enero del 2016, luego del triunfo de la oposición en las elecciones parlamentarias, el 69 por cien de los venezolanos consideraba que la prioridad de la nueva Asamblea Nacional era contribuir a resolver los problemas económicos del país.

Un año después, 64 por ciento califica como negativo el desempeño de la Asamblea Nacional durante el 2016.

Hoy solo veintiseis por cien de los venezolanos se autodefine como opositor.

El 6 de diciembre de dos mil quince, los venezolanos votaron para presionar por rectificaciones y soluciones con un sentido de emergencia. No obstante, la Reunión Nacional no consiguió responder a las demandas de orden, resultados y consensos que esperaban los venezolanos.

La oposición no comprendió el carácter de su triunfo electoral. Sobreestimó su triunfo y su poder, subestimó la capacidad de contestación del chavismo y la de los otros poderes del Estado.

Intentó entonces dualizar” el poder, conminando con un golpe parlamentario la continuidad de la presidencia de Nicolás Maduro.

En vez de proseguir avanzando, ocupando espacios sociales, cambiando la correlación de fuerzas simbólicas, transformándose en una alternativa, perdió otro año entre enfrentamientos internos, indefiniciones estratégicas, alegatos repetitivos, sin conexión con las esperanzas de la sociedad venezolana y sin nuevos relatos que confrontaran la hegemonía del chavismo.

La oposición ha logrado avances electorales importantes, aprovechando el descontento, mas aún debe probar que es una fuerza homogénea, con planes y proyectos, con capacidad para gobernar y con sensibilidad popular.

Hasta ahora, mantiene el mismo alegato de hace 17 años, basado solo en la denuncia y la crítica a la gestión de Gobierno, mientras el país espera por soluciones y respuestas.

La oposición es una fuerza electoral pero sigue sin transformarse en una opción verdadera, en tanto el chavismo continúa siendo la única fuerza social, política y simbólica del país.

Hoy el cincuenta y tres por cien de los venezolanos preferiría que el presidente Maduro resolviera aunque sea en parte, los inconvenientes económicos del país, ya antes que viniera un gobierno de oposición. Este dato por sí mismo prueba que la oposición sigue sin perfilarse como una alternativa al chavismo. Los venezolanos exigen una oposición con estrategias claras, con un liderazgo renovado, con planes y proyectos específicos, vinculados con las nuevas expectativas de orden y eficacia, pero asimismo hacedora de acuerdos y conectada con el sentimiento nacional popular.

La oposición podrá ganar elecciones, beneficiándose del voto castigo, pero aún no tiene ni el discurso ni el liderazgo para conducir a la sociedad venezolana en tiempos de crisis y asegurar la estabilidad social y política del país.

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