Mensaje a la memoria chavista el abismo del narcotrafico

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Se estima que anualmente, el monto del negocio global de la droga, está en un rango entre 320 mil y seiscientos mil millones de dólares.

La extensa variación en los cálculos se debe a que las metodologías para procurar una aproximación son diversas: pues se trata de un delito cuyas transacciones ocurren en efectivo, es casi imposible detallar el volumen total de exactamente las mismas. Pero aun de esta forma, incluso las proyecciones más conservadoras hablan de montos alén de todo razonamiento. En verdad, el narcotráfico es la práctica delictiva que más dinero moviliza, por encima de la falsificación de moneda, el tráfico de personas y el tráfico de petróleo. La economía venezolana, que tiene uno de los flujos más altos de dinero ilícito, es un terreno favorezco para los narcotraficantes.

Pero, y esto es esencial, el narcotraficante no se limita a generar y vender sustancias ilegales y peligrosas para la salud, sino crea y hace crecer una estructura paramilitar, policial, legal y política, para resguardar su negocio. El narcotráfico se alía con guerrilleros, terroristas, regímenes políticos, sicarios, jueces, unidades policiales y con personas que se desempeñan en actividades de transporte. Las tentadoras sumas de dinero que manejan, no solamente les deja untar a las autoridades, sino, como sucede ya en Venezuela, consiguen convertir a los más altos jefes en sus socios y protectores.

«Los narcos tienen en los jefes del régimen a sus protectores»

El país y los venezolanos de bien, tanto los aprecios a la enorme mayoría opositora que clama por un cambio en el país, como esa cada vez más reducida minoría de personas honestas que aún mantienen su apego al régimen, deben -debemos todos- reflexionar sobre los múltiples riesgos que nos acechan como país, si los narco promotores del negocio de la droga que forman parte del gobierno continúan expandiendo sus actividades.

Si Venezuela sigue siendo senda de paso de la cocaína hacia Norteamérica y Europa; si se facilita la proliferación de laboratorios de procesamiento de pasta de coca; si las regiones sur y occidental del país se transforman en cobijo y centros de acopio de bandas que trabajan para el narcotráfico; si no se actúa contra las personas, civiles y militares que están involucradas en esta lesiva actividad, entonces, va a ocurrir lo que en otros países: la mortandad se va a multiplicar, los vínculos entre cuerpos uniformados y narcos se estrecharán, el poder de las bandas paramilitares se extenderá por toda la geografía nacional. Esto no son pronósticos, sino son hechos que ya se están generando. En Venezuela todos y cada uno de los días ocurren muertes que son consecuencia del negocio de la droga. Lo que nadie puede olvidar es que robos, atracos, asesinatos dantescos y guerras entre bandas, son muertes de la droga. La droga no solo puede matar a quienes la consumen sino que produce violencia y cobra vidas en todos y cada uno de los eslabones de su actividad.

Lo que está ocurriendo en Venezuela es de tal gravedad, que demanda despojarse de situaciones políticas y afrontar su deplorable realidad: no había ocurrido jamás que tantos y tan altos cargos de un gobierno aparecieran involucrados en el delito de narcotráfico. Creer que esto es un ataque a la soberanía o una invención producto de la lucha política es errado: detrás de los anuncios hechos por las autoridades de Estados Unidos hay años de investigación, patentizas y cientos de miles de documentos, fotografía y otras pruebas que no podrán ser negadas. Cuando los juicios se produzcan, los que hoy proclaman su inocencia no tendrán de qué forma negar su participación en los hechos por los cuales se les apuntan.

«Los delitos por narcotráfico atentan contra las personas y las instituciones»

Los delitos por narcotráfico tienen un doble carácter: atentan contra las personas y contra las instituciones, por consiguiente, se les considera violaciones a la ley de extenso alcance, que son perseguidos más allá de las fronteras y con un rigor que los emparenta a las violaciones a los derechos humanos. Cualquier ilusión al respecto, es vana: ni el gobierno que los protege va a durar para siempre, ni se salvarán del juicio y la cárcel que les toca. Que sean atrapados y enjuiciados es una legítima aspiración venezolana. De no ocurrir, Venezuela va a ir escalando en el ranking de países clave en el negocio del narcotráfico.

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